sábado, 10 de marzo de 2012

EL SILENCIO

El silencio no es no-oír; es oír el silencio... Pero cuando callamos, nuestro silenciarnos también es interrumpido por las imágenes, por las figuras de la imaginación que sin control nos asaltan. Las sensaciones se superponen a las emociones, haciendo que en el silencio se de un movimiento armónico de todo nustro ser. También los recuerdos o la memoria interrumpen la posible relación que con el Absoluto se abre ante nosotros. El lenguaje como objeto interior desaparece -y al desaparecer entramos en contacto también con su esencia y misterio, para dejar lugar a una contemplación que al mirar hacia lo despojado llega a una plenitud. Del despojamiento interior nos llegan, pues, los materiales del silencio. La razon, el razonar de todo tipo queda abolido por un sentimiento de orden espiritual. También la angustia o el temor lo interrumpen, la exaltación o el gozo. Vendrá una armonía distinta y distante de todo tipo de "orden" o de ordenación según un paradigma.

Del monje sirio Isaac de Nínive tomamos estas líneas. "Muchos buscan con avidez, pero el único que encuentra es el que permanece en silencio continuo... Todo hombre que encuentra sus delicias en una multitud de palabras, aunque diga en ellas cosas admirables, está vacío interiormente. Si amas la verdad, se amante del silencio". Yañade para luego ir a un "algo" que desde la sacritud nos hace vibrar con y entre el silencio mismo: "Ama el silencio por encima de todas las cosas. Te trae el fruto que la lengua no alcanza a describir. Al principio tenemos que forzarnos a guardar silencio". En ese estadio la mente deja de existir o de gravitar sobre nuestro ser íntimo: "Con sólo practicarlo -concluye el sirio-, como consecuencia de tu esfuerzo, te inundará una luz inenarrable... y después de un breve tiempo, una cierta dulzura nace en el corazón de este ejercicio y el cuerpo se siente embebido casi por la fuerza para permanecer en silencio".

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