lunes, 26 de marzo de 2012

JUAN RAMÓN JIMENEZ DESDE RAIMUNDO LIDA

Páginas acerca del "estilo" de J. R. J., en las cuales Raimundo Lida  -cercando al símil- anota algunos rasgos  que al recogerlos dejan al poeta de Moguer fuera de toda escuela, no obstante hallarse tan cerca del Simbolismo y la Poesía Pura europeos, y aún del Modrnismo hispanoamericano.  Es la ascendencia que sobre él tuvieron Rubén Darío y J. A. Silva, con el especial "caso" del NOCTURNO, donde el motivo pasa de la sensibilidad inmediata al pensamiento visionario.

 El mundo deja de estar porque el espíritu se ha rozado con la materia de algo que acaso le será eternamente ajeno, de donde nace el valor del "yo" creador ante la persona privada, diferencia que estableció Luis Cernuda en la relación del historial de su obra. A Jiménez, dedica el poema:  "J. R. J. Contempla el crepúsculo", abriendonos a la poética de quien en Colombia hizo posible la estética de la Generación de Piedra y Cielo.

Para Raimundo Lida , hay un especial acento en el símil, del cual saltamos a las analogías y a los tiempos líricos: "Las situaciones pasadas se expresan casi siempre en imperfecto: `Doraba la luna el río...´. El poeta no enumera los hechos pasados como tales; vuelve a estar en su viva presencia. No describe el paisaje mismo, sino el cuadro que le ha quedado en los ojos. Su mirada no se dispara hacia la luna y el río; se refrena, se vuelve hacia adentro, doblegada estéticamente. El Mallarmé de la PROSE POUR DES ESSEINTES podía suspirar por una `île faite de vue et non de vision´. Para Juan Ramón Jiménez la visión vale más que lo visto".

 El síml  es el centro de gravedad, que deshace las visibles fronteras de las cosas para ir a la zona invisible en la cual se unen para eternizarse: "Es que los `siempres´y  los `lejos´ no se reducen en Juan Ramón Jiménez a nexos abstractos...El anhelo de fuga, el arranque vehemente de ese  `hacia´..., en el  `¡hacia todo´  -su `Siempre´. sic.-  del DIARIO, impetuoso salto al infinito...: siempre ese afán de lanzarse fuera del mundo". Y dirá por ello Juan Ramón: "Entre la tarde de otoño...sube un humo dulce y blanco". O en el poema "Nada", en cuyos versos una pregunta invalida el mundo, pero no nuestra estancia en él:  "Y soy yo sólo el pensamiento mío".

No hay comentarios:

Publicar un comentario