martes, 17 de abril de 2012

CANCIÓN DE KASPAR HAUSER por: GEORG TRAKL

KASPAR HAUSER LIED

El, en verdad, amaba el sol que baja purpúreo por la colina,
los caminos del bosque, el pájaro negro que canta
y el gozo de lo verde.

Grave era su habitar a la sombra del árbol,
y puro su  rostro.
Dios decía una suave llama a su corazón:
¡Hombre!

Quieta su paso halló la ciudad a la tarde;
la oscura queja de su boca:
yo quiero ser jinete.

Pero animal y fronda le seguían,
casa y jardín de ocaso de los hombres blancos,
y su asesino iba buscándole.

Primavera y verano y, tan bello, el otoño
del justo, su quedo paso
avanzando ante las oscuras alcobas de los que sueñan.
A la noche quedaba a solas con su estrella;
veía caer la nieve sobre  ramas desnudas
y en el corredor en penumbra la sombra del asesino.

La cabeza se hundió, plata, del no nacido.

Y anota Walther Killy: "El amaba el sol, los caminos del bosque, los pájaros: al comienzo se encuentra la imagen de la inocente naturaleza, en expresiones sencillas. Allí está su origen, allí vivía él, su mirada era pura, y como una suave llama -no como llama que consume- lo creyó Dios digno de aprecio... El  ¡Hombre! que Dios exclama se dirige al hombre, y esta poesía habla de él, del mismo modo como toda la poesía de Trakl tiene por objeto propio al hombre en este mundo... `El, en verdad, amaba el sol´, esto es el hombre. Su origen se encuentra para Trakl en la claridad, pero la ha abandonado". Dedicado a Bessie Loos y traducido por Rafael Carrillo.

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