viernes, 6 de abril de 2012

G. UNGARETTI: LA PIETÀ

1.
Soy un hombre herido.
Y me quisiera ir
y llegar finalmente,
piedad, donde se escucha
al hombre que está solo consigo.

Sólo soberbia y bondad tengo.
Yme siento exiliado entre los hombres.

Mas por ellos padezco.
¿No sería digno de volver en mí?
He poblado de nombres el silencio.
¿He hecho pedazos corazón y mente
para caer en la servidumbre de las palabras?
Reino sobre fantasmas.
Ay, hojas secas,
alma llevada aquí y allá...
No, oigo el viento y su voz
de bestia inmemorial.
Dios, aquellos que te imploran,
¿nada más que de nombre te conocen?
Me has deshechado de la vida.
¿Me deshecharás de la muerte?
Tal vez ni  de esperar es digno el hombre.
¿Se agotó hasta la fuente del remordimiento?
El pecado qué importa
si ya no lleva a la pureza.
La carne apenas si se acuerda
de que era fuerte un día.
Está loca y gastada el alma.
Dios, mira la flaqueza nuestra.
Quisiéramos una certeza.
¿Ya ni te ríes de nosotros?
Y compadécenos, pues, crueldad.
No puedo más de estar emparedado
en el deso sin amor.
Muéstranos un rastro de justicia.
¿Cuál es Tu ley?
Fulmina mis pobres emociones,
libérame de la inquietud.
Estoy cansado de gritar sin voz.

2.
Melancólica carne
en la que un día pululó el contento,
entrecerrados ojos del despertar cansado,
¿ves tú,  alma mía demasiado madura
lo que seré cuando caiga en la tierra?
En los vivos está la calle de los muertos.
Nosotros somos el río de sombras,
Y ellas el grano que se abre en sueño,
suya es la lejanía que nos queda,
y la sombra que da a los nombres peso.
¿La esperanza de un túmulo de sombra
y nada más es nuestra suerte?
Y tú, Dios, serás sólo un sueño?
Al menos un sueño, temerarios,
queremos parececértenos.
Y parto de la más clara locura.
No tiembla entre nubes de ramas
como los gorriones matinales
al filo de los párpados.
En nosotros está
y languidece, llaga misteriosa.

3.
Esta luz que nos hiere
es un hilo cada vez más sutil.
¿Ya no deslumbrarás tú, si no matas?
Dame esta alegría suprema.

4.
El hombre, monótono universo
cree ensanchar sus bienes
y de sus manos afiebradas
no brotan más que límites sin fin..
Sobre el vacío, asido
a su hilo de araña,
no teme y no seduce
sino a su propio grito.
Repara la ruina alzando tumbas,
y, para pensarte, Eterno,
no tienes más que las imprecaciones.
                                        G. U.

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