martes, 24 de abril de 2012

POETA Y POEMA: LA SIGNIFICACIÓN

Todo poeta va a la composición de sus versos desde una zona de la emoción  en la cual avista lo esencial o trascendente de sí mismo. Ello se le hace presente como algo indecible o irreductible al hallarse en un círculo cerrado de su ser, el cual, no obstante, tiende hacia lo abierto...  Entonces  la lengua poética remite a un Yo creador, después que éste se ha superpuesto a la anécdota humana de lo sólo presente o presencia sola.

A su vez, todo poema deja al lector delante de su ser esencial  y aún dentro de ese mismo círculo,  pero ya de su espíritu, círculos  en cuyas atmosferas se encuentran uno y otro: poeta y lector, por el mismo poema o, más exactamente, por la transmutación que de lo indecible hace la lengua poética. La creación del poema sería así un oír desde dentro de sí, y un traducir, pero también un oír al afuera, a la historia en las figuras inmediatas de la vida o aún el la leyenda. El lector será también creador, pero el poema regresa hacia el poeta para buscar en él su validez y ese sistema único de señales que pueda enviarle a su entorno y a su tiempo

La anterior formulación, que resulta de la lectura del  "Kaspar Hauser Lied", es compartida por un poeta de nuestros días y de una órbita cultural casi contraria, Stephen Spender, cuyos pasos fueron seguidos con especial  atención, en ideario y búsqueda de forma, por el colombiano Aurelio Arturo, quien con su voz abarca todo nuestro siglo XX. Su poema es "Morada al Sur", y en él no valdrían tánto esa morada ni su lugar en la geografía, o el mismo lenguaje, sino aquel que la nombra por haberla habitado. El poema se inicia:
En las noches mestizas que subían de la hierba,
jóvenes caballos, sombras curvas, brillantes,
estremecían la tierra con su casco de bronce.
Negras estrellas sonreían en la sombra con dientes de oro.

Después, de entre grandes hojas, salía, lento el mundo.
La ancha tierra siempre cubierta con pieles de soles.
(Reyes habían ardido, reinas blancas, blandas,
sepultadas dentro de árboles gemían aún en la espesura).

Y de Arturo anotó Fernando Charry Lara: "No presentan sus poemas ese encadenamiento de imágenes que ha sido nota frecuente en muchos poetas de nuestra época. Su actitud ante la metáfora es de reserva: no la imagen por sí misma , creadora de mundos poéticos propios, creadora de toda posible poesía, como dió en concebírsela en obras de tan innegable validez como las del mejor superrealismo o la de Vicente Huidobro, pero cuyo ejemplo, seguido por otros, se agota a veces en medio de una acrobacia falaz, hasta caer decididamente en lo no signifIcante".

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