lunes, 18 de junio de 2012

LA DESPROTECCIÓN Y EL POETA

Iniciaría estas líneas con el título de un poema de R. M. R.:  "Abandonado sobre las cumbres del corazón..." No es el poeta un ser excepcional, en cuanto a que tenga una peculiar capacidad de visión y una dimensión de la emoción más intensa o profunda a la de cualquiera otro ser humano. No es poeta por hacer poemas, sino por haberle dado a su vida la forma de la poesía o "configuración" de lo poético, que lo separa de toda instancia de protección en el mundo (como el pertenecer al gún grupo humano que acompañe su existencia), a alguna instancia de acogida (como una creencia o una fe de tipo religioso), a una instancia de consuelo (como la recepción y el reconocimiento de una obra, gracias a la cual quedaría sostenido por la figuración), etc. Es poeta, y ìsolement´, solamente por el talento o el don expresivo, y para ejercerlo debe despojarse (lo cual sí lo separa de los demás seres humanos), toda "actiud reconocible en cuanto hallarse situado en las funciones y escenarios el mundo. Entonces, se halla en esa soledad que es solidaridad pero también aislamiento y silencio, incomunicación esencial, sin un asidero tangible, o que haga parte de la utilidad, para permanecer en el devenir visible y utilitario del mundo. Es ser el habitante de lo desconocido y de la zozobra de su íntimo No-saber, lo cual lo aleja de las voces y urgencias mentalez, dejándolo en la propia `psyque´que no logrará dominar nunca.

 ¿Qué hacer? Sólo  estar para ir siendo y haciéndose instante a instante; contemplar, caminar, acaso evocar y consignar sus instantes de intensidad y de desgarramiento...Crear.  Ahora es "su mundo", que se asemeja a un estar perdido en el bosque y expuesto al olvido de su ser personal de parte de la comunidad humana. ¿Cómo puede encontrarle significado a su obra y permanencia en una compañía cordial, humana o, si se quiere, confiado y consolado al hacer parte de algúna urdimbre de afectos? No lo está, si en autenticidad y verdad se halla volcado hacia su decir, hacia su visión (cuya naturaleza no es otra que el sentimiento), del mundo y de la vida, así como a la materia inexpresable del existir esencial de todo ser humano. Así, sólo puede acogerse a sí mismo y acudir sólo a sus reservas o a sus objetos interiores, sin diálogo con la inmediatez que da figura a las horas de la vida de todos y sentido aparente a  "las cosas".

Saberse a sí mismo es también ignorarse y el "sobreponerse" no significa otra cosa que afrontar el ahora como vacío y el abismo, vacío que es ignorar cuál lugar es el suyo en el devenir del espíritu del mundo. Aquí viene aquella otra sentencia célebre: "el alma del poeta se orienta hacia el misterio", R. D. Pero debe asumir que no es una figura pública y que su acción tiene como centro de luz la inmovilidad, la quietud que no puede llegar a convertirse en un no-yo o en una ausencia de acción en lo inmediato, dándole si un sentido de sacritud a lo habitual. Simplemente está, sabiendo que sólo es ese estar. Un imperetivo para él:seguir, sólo seguir a tientas y en el sendero de la ausencia, que no es percibido por quien pertenece al mundo y sólo desde ese espejo ajeno y de un "afuera" reconoce su rostro...

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