martes, 3 de julio de 2012

VIVIR DESDE UN PUERTO

Mar del estar en vida, entre aire y aire por el tiempo que asalta con la luz el Castillo Interior...¿Equilibrio o conciencia sola, que al abrirse al espacio ya sabe del abismo? Navío del ánimo -y cuántas cosas dice esta palabra, cuántas trae y quita con un sólo gesto de sus manos perfectas e inconscientes-, navío que aún no ha sido llevado de la orila a las aguas:

El silencio por nadie se quebranta
y nadie lo deplora.
Sólo canta
la puesta del sol, desde la aurora...

Dice José Gorostiza en el poema: "Dibujos sobre un puerto? Pero asaltan tres preguntas: ¿Puerto de la conciencia, canto de su equlibrio, flotación en la espera? Aurora que ya es puesta de sol entre un no saberse desde el ajeno ser del horizonte ilímite de cada instante.Agua también en la clepsidra, y continúa:

Mas la luna, con ser
de luz a nuestro simple parecer,
nos parece sonora...

¿Qué oímos dentro nuestro que no altere esa calma inicial de los objetos, blanco que es ya un saber, un haber conocido en el desconocerse? Luz y sonido, luz y silencio, silencio y espera, espera y acto como el vuelo de un álbatros en los imaginarios acantilados si, así debe ya finalizar:

...cuando derraman sus manos ligeras
las ágiles sombras de las palmeras.

Sombras ya en la venida de la canícula, de un mediodía acaso temido, porque ella puede ser un camino en el cual se correrá siempre el riesgo de extraviarse y ese otro de perderse. ya no estar. Luna y agua y sol y canto y aurora o palmeras de una playa, y sombra entre un silencio no quebrantado por la voz de nadie, aunque sí por la de alguien que es también -ya dentro nuestro-: Nadie...¿El Yo en andas llevado hasta todo cuanto de pacífico hay siempre en las ondas?

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