martes, 21 de agosto de 2012

EXPRESIÓN CREADORA

¿Crear en poesía es obedecer a un llamado, a un abismo o a una señal, aún a una imposibilidad? La creación del poema, o de alguna otra forma verbal artística, venida de la interioridad, del alma o de la experiencia poética, no es comunicación sino expresión. Un dar forma a la materia afectiva que, en la relación última con nuestro yo y con el mundo, se produce en una instancia anterior al lenguaje. Puéde llamársele  de la emoción, de la intuición o de la visión, aún de la sóla percepción del sentimiento que aflora desde el secreto del inasible fondo esencial e intemporal nuestro...

 Alguien siente algo y quiere fijarlo en palabras que sean el equivalente correlativo, no del suceso, sino de la tensión interior en la cual se halla. A alguien le es necesario dar forma verbal a un estremecerse indefinido ante algo, y desde lo más auténtico de sí, y lo hará únicamente a través de la melodía del lenguaje, y de la imágen analógica. La correspondencia es sentimental y racional, por el sistema de mensajes desde lo indecible, que lo humano, entre un abandono de lo real en torno, da a las palabras. Sentido del sentir y sentimiento de lo ausente de un Sentido. Ella misma podría llegar a serlo, si se transmutara en lo espiritual, en lo imaginado, en lo invocado o en el lo evocado.

Se está, sí, en un círculo de nostalgia, de intensidad o de sufrimiento, aún, se dijo, más propiamente de  ausencia, que se revela al mundo interior consciente tras la mirada a las cosas y aún en ellas, sólo que en un alejamiento de sí, el cual hace que esa nostalgia derive en  invalidez o en  silencio, una y otro como tierra fértil para que nazca la primera palabra del poema, y con ella se transmuten en "verdad" ante otro ser,  el mundo o la vida,  no sólo el estadio afectivo, sino el estado de conciencia en el cual se está.

Entonces, escribir deviene en un acto "necesario", ya que sólo por él,  ante nuestra mirada vuelve a alzarse una imágen armónica de nuestro ser, de nuestro vivir en el instante, y aún del sobreponernos a ese alejamiento que, despues de ser también  de los otros, es de la vida misma. Se retorna al diálogo. En la espera blanca aparece un paisaje, en la página unas letras como en los labios unas palabras de carácter letánico. De lo inconsciente aflora un estado de ánimo y de alma, así como una vía cordial de sentido y razón, a nuestro ser en el desvalimiento -también haber sido  despojado- que lleva a al orden del mundo y de la existencia desde la creación poética, y con ella a nuestra incomunicable, indecible o irreductible "verdad", entre el vació -lo vacío- de la conciencia dejada en soledad ante sí misma.

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