sábado, 22 de septiembre de 2012

CERRADO

Abierto...Luego trazó un cerco en torno a sí. Era el de una clausura vuelta a lo infinito en mitad de la espera... Un blanco espacio clausurado al haber sido dejado en el abismo. ¿Por cuál mano? Por la espera que lo es de sí misma entre su no-estar. El aire se hace más ligero, pero también un fardo que no es posible sobrellevar cuando se alzan o se bajan los ojos hacia lo transparente; cuando la transparencia estrá frente a los ojos. Debe, entonces, cerrarlos. Y se abre un interior ya clausurado, inmóvil, que suprime todo espacio para estar, toda estación del tiempo interior para intentar ser al sostenerse desde sí. Cerrado, y no obstante, con su mano acaso inasible, abre en sí mismo surcos para que una germeninación se de o se abra a otra materia...

Cerrado...Luego traza un círculo en torno a todo cuanto lo rodea. Es la vuelta a una clausura que ha dejado afuera lo infinito, en su abismo que ya no se hace espacio. ¿Por cuáles ojos? Por los de lo esperado que lo es al frente de sí mismo: el tiempo, el fluír que se ha empozado, las aguas empozadas a las que acaso llege un hilo cristalino, para intentar, también, sostenerse desde sí. Ahora lo abierto es el silencio que se cierra; ahora el aire es un sendero ya imposible de transitar humanamente... Todo espacio para estar se ha suprimido, toda estación del tiempo es dejada de lado como inmóvil o entre su vértigo. Sóla, ya inasible, la mano, el silencio de los dedos al hacer de utensilios para abrir un único, último, íntimo surco a lo eterno y fugaz, ilímite e instantáneo: abriéndose al cerrarse, cerrándose cuando al abrirse es vuelto sobre sí: ya, al fin, han de ser lo cerrado que se cumple en lo abierto, como el abrirse transmuta en aire lo -el tiempo del espacio en blanco sobre lo blanco- que antes se hallaba fuera de lo cerrado. Es haber  -aquí el silencio de esas manos-, haberse y haber sido cerrado hacia lo abierto...

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