miércoles, 26 de septiembre de 2012

DE LA CULTURA

Se habla, con diversas connotaciones, de vida intelectual, a la cual algunas veces se asocia toda actividad del espíritu humano.  Pero éste llega a ella, o el hombre es llevado hacia su espíritu por él mismo, en un acto de interiorización, que es también interpretación de lo exterior. Conocimiento y afectividad se hacen uno solo: "Cultura -enseña Danilo Cruz Vélez- viene de `colere´ -cultivar, un verbo latino cuyo participio perfecto masculino es `cultus´. `Colere´se refirió, en primer lugar, al cultivo de la tierra (`colere agrum´). La primera forma de la cultura fue, pues, la agricultura. Después se usó el vocablo en sentido metafórico. Es decir, se trasladó a otro dominio -al dominio del hombre mismo. Entonces comenzó a significar el cultivo de lo natural en el hombre, con el fin de desarrollar en él lo específicamente humano, su `humánitas´. En este sentido aparece ya en Cicerón en la expresión `cultura animi´-la cultura del espíritu, la cual fué introducida en el humanismo renacentista por Luis Vives. Del campo subjetivo se extendió después al mundo de los productos humanos -técnica, religión, Estado, arte, ciencia, filosofía...-, por medio de los cuales se fusionaron con el espíritu no sólo lo natural en el hombre, sino también la naturaleza en general".

Pero también el espíritu fué tocado por lo sobrenatural, si al cabo, y según el mismo Cruz Vélez, no cabe para el hombre otra definición que la de `animal trascendente´. Allí la cultura no es una labor sino un estadio de lo interior o espiritual como separado de la naturaleza, campo imdefinible en el cual, por ejemplo, se da el lenguaje. También están, para el "Saber", el misterio y la mente como materia para ser descifrada en su "naturaleza", estadio nuevo en el cual entra el "Sentimiento", del cual se deriva el Sentido y el decir con contenidos a un tiempo afectivos y lógicos, que le permiten saberse en el mundo como distinto de ese mundo, y sin más ocupación en él que el sólo "estar". Y en este estar le vienen la conciencia y la intuición o sensación de pertenecer a un campo más vasto, el del Ser, a cuya esencia sólo puede apuntar por la Razón Poética, ajena a toda finalidad que no sea ella misma como materia última de la `Himanitas´.

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