domingo, 30 de septiembre de 2012

FRAGMENTO MAYA

NADA Y SOLEDAD: ALGUIEN Y ETERNIDAD...

Mi nombre...¿Irse de este mundo es también irse de la vida. e irse de la vida es también irse de sí mismo? ¿Olvidar es nombrar -volver a estar- en otra transparencia? Desde la debilidad, un indígena mira a lo eterno en lo frágil, que sigue viviendo en su evocación, no obstante haber partido, dejado las presencias de este mundo. Él partirá también, por ley celeste mientras la ley humana lo llama a no partir: ¿cuál es la forma de permanecer?, Es  "él", como único en su irse nostálgico. Irá a un No-ser, al cual  cobija con un manto dorado como es el del tiempo:

¿Solo así he de irme?
¿Como las flores que perecieron?
¿Nada quedará de mi nombre?

¡Al menos flores, al menos cantos!

Mi yo como todo cuanto es. La pregunta lleva en sí  la respuesta del irse como un estar en las mismas presencias que antes no estaban: las flores. Y del alma, los cantos entonados desde antes de su nacimiento, pero ahora suyos, por él entonados... ¿Son estas formas de quedarse una perdida lucha contra el olvido, o ante éste una esperanza? Desde la fortaleza de su nombre reconoce el ser que desde antes de nacer estaba ya vencido.Tal vez un doloroso presentir: lo otro y los otros van a transformamse...

El nombre es lo nombrado, y si de lo una vez nombrado sólo queda su nombre, éste equivale a dos figuras de lo etéreo eterno: flores y cantos. No pregunta por algo que permanezca de su "yo", sino de su haber habitado en las presencias, con ese nombre, que no es ya nombar sino creación de un Signo...

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