miércoles, 17 de octubre de 2012

EL HOMBRE FRAGMENTADO

Si.Un fragmento que es buscado por una armonía que le es ya ajena. Ella es lo "otro" desde un Yo en ruinas. Le quedaría lo antigo.  Una mirada espera a que la mano se mueva hasta la pluma fuente -como la pluma espera que en el corazón del pájaro alce el vuelo inalcanzable - y vaya hasta la destruída cuartilla a trazar el esbozo de  unas letras. Es inútil: ni el pájaro alzará el vuelo, ni la mano escribirá.

No se está
ya en el gesto
de una aparente
afirmación de sí por haber sido.

 Entonces lo que cae en relación con cuanto hay, es la mente. Ya no el sentir sino el percibirse en medio de algo como una lejana estepa despoblada e inhóspita. ¿Qué hay que decir o cuál el aire del vuelo? Todo lo anterior está dibujado con sus señales exactas e indicaciones en las manos siempre vacías del Tiempo.

El hombre y sus actos se han hecho adeversarios.Es entonces cuando el pez desea ir a la superficie, pero no está en su mente el salir del agua; ni siquiera es consciente de que se halla en el agua. Pero hay que hacer que "algo" se ponga en movimiento hacia "algo", que misteriosa e inconscientemente haya sido puesto o llevado, que aún se haya dejado llevar, si al ignorarse también ha sido depositado allí, fuera de sí y dentro de sí a la vez: en dos acciones consecutivas, afuera y adentro.Ser es lo que una red lanzada en la oscuridad podría recoger para ser devuelto al agua.

Sin Norte alguno, aún sin aliento, ell todo es vislumbrar un Norte, retornar a una fuerza, a un ver. Pero ya desde otra figura de lo fugaz y de la Eternidad todo Norte ha sido cancelado, para que el movimiento sea gratuito, puramente mental, ajeno a lo físico de lo cual tampoco nadie ni nada pueden deshacerse. El "estar", aún inmóvil lleva el peso de la existencia toda, que está atada con cadenas perpetuas a lo inexistente:
Tras unos pasos
ellos mismos  se siguen
hacia el azar, la niebla o las desapariciones...

Ahora no serán el sendero ni el rostro ni el vuelo, sino el recuerdo de su rastro en el cielo intocado, como en la mano la evocación de lo íntimo inalcanzable, pero detrás de de cuyas rejas se está sin posibilidad alguna de salir, de ir a un COMIENZO.. . No qué hacer sino qué fué lo hecho por un desconocido etéreo, qué es lo que ese desconocido dejó de hacer, o dónde, en cuál lugar del Espíritu dejó abandonado el hacer mismo? Si se le preguntase al viento, respondería que en las hojas que caen, si al silencio a las palabras que al pronunciarse fundaron el lenguaje, el habla, el decir, el inicio de un monólogo convertido -por su naturaleza- en herida, si a unos ojos o unos labios dirían que en esos pasos dados sin dejar huella alguna.  Así, todo ha de tratarse, por leyes ancestrales,  de un ineludible TÉRMINO, de un ignorado REGRESAR por no haber existido un COMIENZO.

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