lunes, 1 de octubre de 2012

DEL ZEN DE A. WATTS AL SEMINARIO MONTE LU

- Sesiones del 29 de septiembe y para el 6 de octubre, como materia del sentimiento en el darse de lo poético, dentro del "yo" creador, como en la figura estereotipada del Sabio de Oriente, desaparece todo rasgo del "ego", y queda en su lugar -como identificación de sí- la "libertad", el no hallarse por una "actutud" unido a nada, salvo a una no existencia en cuanto rastro, que es dejar lo interior abierto a la plenitud del pertenecer a todo lo existente, vuelo o flecha que sí dejan huella tras la sola acción humana de pensarse o aceptar la imagen.

 Dice A. Watts: "Al cruzar el cielo, una flecha o un pájaro no dejan huella. En la filosofía china e hindú esta recurrente metáfora se utiliza, aunque parezca extraño, para cosas que aparentemente no se asemejan en nada. La veloz trayectoria de una flecha que no deja huella se utiliza como imagen de la impermanencia, del paso de la vida humana a través del tiempo, de la verdad inevitable de que todas las cosas acaban por disolverse `sin dejar ninguna huella´. Sin embargo, en uno de los dichos de Buda, la invisible trayectoria de los pájaros en el cielo se compara al modo de vivir de un sabio, la perfecta clase de persona que ha conseguido disolver su ego, como este poema chino lo define:

Al penetrar en el bosque,
no perturba ni una brizna de hierba;
al penetrar en el agua,
no ocasiona ni la más leve ondulación.

`La imagen representa cierto número de cualidades que son, en realidad, diferentes aspectos de una misma cosa. Representan la libertad y el desapego de la mente del sabio, una conciencia que se asemeja al cielo, en la que la experiencia se mueve sin dejar mancha alguna. Como dice otro poema:

Las sombras
del bambú barren los peldaños,
pero no levantan polvo".

Las arriba mencionadas "conciencia" y "experiencia" se transvasan en la EMOCIÓN y en la VISIÓN, que permiten desde este no dejar huella ni más rastro que el silencio, un aflorar de lo indecible hacia el habla poética, al decir del lenguaje que se vuelve, gracias a la tensión espiritual y sentimental del poeta, sobre sí para cumplirse en cuanto del Ser le es dado: para Occidente, no puede fijarse como fugaz, sino, al contrario, por fugaz, fijarse en el poema. 

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