miércoles, 14 de noviembre de 2012

PASOS

Toque del Angelus. Al bajar por el aire una hoja, se abren dentro de ese mismo aire unos ojos que no podrán ya verla.Sólo los pasos por la alameda de altos árboles blancos, azules, de un verde casi ámbar; sí:  sólo el zozobrar ha sido dejado atrás, si un abismo hay entre lo presente, y en el futuro aguarda algo que no ha de volver a existir:

Bancas bajas
con hombres sentados
cuya mirada se ha perdio
al llegar a sí misma e intenrar
ignorarse; al venir de sí misma
y no poder hallarse entre tántas imágenes
como los años han dejado en ella...

Del mediodía al amanecer nada más hay hay un avanzar a tientas, Armas y pasadizos y  Armaduras, como desde la tarde a la mañana  un frágil un detenerse; ocasos hechos alboradas, una línea de luz en los cristales y en la respiración, o aún en la mano que traza dos o tres letras -una frase-  sobre el papel antigüo. Se aguarda y las campanas del No-Decir alzan a vuelo sus sones inaudibles; se aguarda sólamente en el aguardar puro, bajo una conciencia canicular y helada. Son los ajenos y ya propios pasos:

No muy lejos
están el campanario
y el convento de mujeres de rostro
blanco también, vuelto hacia
el arado del alma en el ara de oro
¿Pero qué importa? Bien podría no estar
si al regreso, tras subir por las delgadas escaleras
ha dejado también de hallarse consigo aquel que sube...

Entonces el aliento, el alentar, el adentrarse en un inocuo alentarse a sí mismo al lado de los lomos violeta de los libros, que hacen el paisaje de un acantilado. Y el silencio dice que las nubes son lo que el firmamento olvida y deja de su alma: también ellas desaparecerán cuando vuelvan a hacer su aparición entre lo eterno efímero... Otra vez habrán de oírse los pasos silenciosos lentos, al lado de la mesa, de una silla vacía que ocupa desde lejos quien la mira. Podría contemplarse; podría oír cómo los objetos intercambian anécdotas de quien allí y así los dispuso en una hora de ocio unida a lo Eterno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario