martes, 20 de noviembre de 2012

SABER Y ESTAR

Del silencio a la mente, y de ésta al contemplarse...No hay sobre la hierba marcada senda alguna: es el tiempo... Ya ha pasado aquel que vendrá, y se abre el paisaje de presencias. Fué abierto por la ausencia de sí en otro paraje. Algo hay que había estado allí, y quisiera que fuésemos hacia ello, un "algo" que nos llama en la enajenación. El viento viene de algún lejano vuelo sobre el limo que deja el sentimiento en la playa ignorada de algún conoocer...

Designio
y destino de un
ya no saber ni ser reconocido
por las vías del sentir el tiempo en torno...

 No es esperar, que se da en el mismo silencio del crecer de la hierba: es sabernos como desconocidos e ignorarnos como lo conocido.ESs no estar ni saber de aquello que está, efectivamente, dentro y fuera nuestro. Pero tampoco hay diálogo ni el cruce de miradas que revelan estadios de la mente al percibirse. Ella misma los ha abandonado; también ha sido abandonado por ellos. Es una enredadera...Acaso sea un muro encalado; sentirse e ignorarse. El viento sopla sobre las dunas del desierto y hace que sus formas cambien, pero seguirá siendo ese mismo desierto, la misma luz que confundirse con la más cerrada oscuridad, como la iluminación con la zozobra:

Destino
y designio de un
no saberse ni reconocerse
por las vias del sentir el aire en torno...

Estación de
una vana quietud que se anhela
en lo desconocido, aún entre lo otro
para saber estar en el saber de sí.

Aquí pudiera aparecer en el espacio un pétalo amarillo que es mirado por ese espacio en el cual se ha abierto, el mismo que lo acoge y lo guarda, como hace que hacia él se vuelvan las miradas de lo siempre invisible. Un arco tensado hacia la floresta, en el presentimiento de que alguna sombra regrese al hogar en lo también invisible e inasible:

Movimiento que sin
haberse transmutado en conciencia
se aúna a la quietud: duelo de estar y ser
en lo desconocido, aún ya vivido
tántas y tántas veces, ¿cuántas veces?
Un sólo día como la vida toda
en su vivir o darse entre la niebla.


Sonidos sin Norte ni Oriente, sin un haber sido provocados por ese mismo "algo" que ha estado y no volverá a estar del mismo modo., ni en el mismo escenario. Así el comprender no viene de un haber aprendido sino de un haber caído. El verso es el pétalo y el oído la maceta antigua en la cual esa flor fué plantada por lo inexiastente.

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