lunes, 14 de enero de 2013

EL QUE ENTIENDE ESTÁ PERDIDO (Seminario Monte Lu)

 A los intrumentos de labranza de la razón  no les es dado horadar la materia lo indecible e intangible (extencia y gravitación de lo invisible), como sí a los de la intuición, e intuír es ver. Al estar delante de un objeto mental o físico, situado en el mismo nivel de nuestra persona como presencia en el mundo, tal objeto determina y limita la mente. ésta puede acceder a sus cualidades e identificarse con ellas, al menos segur las sendas en la organización esterior del mundo.

Si se da el salto de lo objetivo, que nos llega de la cultura, de los hilos de un "Intelege" por la tradición de los saberes acumulados, a lo que proviene de lo inmaterial y desde esa región se muestra como la actuación de lo ausente. La no- comprension de "algo otro, pero en figura aparentemente reconocible, se transmuta en vibrasión al unísono de nuetra esencia con la cuya. Al etender "algo", se es una presencia al lado suyo; al no darse el siempre rudimentario "entender", hace que nos volvamos a nosotros mismos y cambiemos nuestra anécdota humana de una PRESENCIA más pasa  hacerse  un SIGNO.  Esto es, que en el acto e insuceso de entender, en  esa comprensión -que nos abaja o nos ata- nos identificamos con el objeto o la idea, el pensamiento que en forma de discurso -contracia al vacío- está delante nuestro en la condición de "superficie". Cuando se entiende y puede explicar un objeto- sea exterior o interior-, su forma y enunciado, permanecemos fuera de él y de nosotros, mientras que si no llegamos al "no-entender", es porque delante nuestro se alza una instancia de la emoción indeterminada, envuelta en el halo de la ausencia, de lo indescifrable o de lo inhapersible: SON LA EXPERIENCOIA Y LA RAZÓN POÉTICAS.

 Del "entender", que es un grado del Ser y de nuestro ser, damos el salto a una Dimension de lo es ES.  Las esencias y ausencias, al contrario de las presencias o de las sustancias, SE HACEN de por sí y desde sí dentro de nosotros como sólo aliento de vida, ajenas al reino de la razón, la lógica o la interpretación por instantancias anteriores a ella, como es el caso de los conocimiento: entran en lo absoluto y en lo trascendente, que dan fugura a "lo más íntimo de nuestra intimidad", ganándonos para el  irreductible círculo del Ser, desde el cual se abre una emoción única en la intensidad o `durée´ de nuestro existir  intranferible... En la inentiligibilidad entramos en relación con aquello que define al hombre: el PREGUNTAR como estación que no busca respuesta, y más intensamente, lo sitúa, dentro de la plenitúd del "vacío colmado",  en la pregunta por "el propio preguntar". OFICIO DEL POEMA en nuestro espíritu, gracias al cincel del sentmiento.

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