martes, 5 de marzo de 2013

HOY ERA YA AYER MAÑANA

Los tiempos todos de la vida se cruzan en un instante inmóvil. En ellos, los hilos de nuestro ser se entretejen en el telar del Ser, un Absoluto como hojas que son, sin savia ya, llevadas desde las ramas hasta las huellas de unos pasos de nadie -por no sabido pero sí presentido y que gravita- en el Todo, que así se ha dejado a sí mismo al Azar.

TARDE
Ahora,
En esta hora del hoy,
Bajo ese firmamento de ayer,
Hostiles nubes grises por el verde
De la plaza trazada en adoquines, sí,
Este hoy que fuera del ayer; y que sus horas
Eran el mañana de este instante. Así,
Dentro del toque de una campana
Aún no dado,
En el cielo, en el aire o el tiempo
De hielo del despojamiento de esa lluvia
Que aún cae, ahora, cuando amanece...
                                   J. G. M.

Todo mañana nuestro se ha ya cumplido en el iris, como Destino sin otro destino que el haber sido -por lo enteramente "otro"-  destinado a sí mismo, a los débiles reflejos del sol entre el ramaje, a los juncos en la orilla de un lago de entre los cuales, a veces, asoman peces de plata que desaparecen al adentrarse en sus propios ojos a la vez plenos y vacíos, salidos a la luz desde su propia huida, entre la desaparición que es presencia pura, ya en las ondas dejadas al regresar a las arenas turbias de lo invisible del fondo próximo, al alcance del roce de nuestros pensamientos, o si nuestro sentir hundiera en él su mano... Toda certeza lo es por la incertidumbre, y ésta existe gracias a cuanto, inexistente, vive al lado nuestro, guía nuestros pasos, nos lleva de su mano hasta, hacia el césped del sueño y, más, del duelo que hace todo el haber podido ser... ¿Se es y -de serlo- qué y desde quién en cada acto o en cada y toda anécdota?

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