martes, 29 de octubre de 2013

PARA IR A LA POESÍA

                                  DE LA CHOZA AL CASTILLO

Alma mía por tuya, tuya por ser de tí y mía por yo no estar, no huyas, oye: para ir al castillo almenado la poesía no es preciso venir del bosque de la poesía...Ella se allega en el silencio de unos ojos que al pasar al lado nuestro, son atraídos por el aura que pueda asistirnos, o desciende con las gotas de lluvia hasta el primer rayo de sol que, al abrirse las nubes, deje oír un canto o seguir otro vuelo, y otra vez mirar al firmamento anterior a la lluvia. Luego, tras de un parpadeo. abrir los nuestros ojos para mirar la vaguedad de todos los senderos marcados a todo paso nuestro. Para venir desde la humilde y dispuesta choza o morada de la poesía hasta el interior de nuestro espíritu, no es preciso haber ido hasta esas sus puertas, entrecerrada, de la poesía, sino un único haberse preservado en su quietud, así cual están ellas, siempre entreabiertas. Como, en fin, para  la mano ir al guantelete, fue necesaria antes la forja que hiciera al guantelete para se ajustarse, desde el emblema a la mano en ida a la lisa a ella signada. Si no:  Sino por Signo tras de cada Siglo o aún por cada Sigla que esconde otro Sino o destino entre la lluvia...Alma tuya por mía: ¿has oído? Si abajo está el castillo de la poesía, asciende hasta su choza...

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