miércoles, 4 de diciembre de 2013

NIEVE Y LLUVIA

El tiempo es un árbol: horas por hojas, como el árbol tiempo: espera y pasado. El ser humano el viento que pasa y no está en el tiempo; tal vez sí en el firmamento, que es  a un tiempo certeza e ignorancia desde un Desideratum...Para todos, por igual, la espera en sí, de la raíz a lo infinito que tal vez sea el espacio (también el infinito puede tomar la forma de lo inexistente), y da figura a lo finito, como a las ramas o a las manos: un pájaro es una mirada; unos ojos un nido. Mañanas vacías y plenas de ese vacío marcado por una fecha, un instante, un escenario mental como las tonalidades que toman las hojas con las estaciones, antes de que la rama,  desnuda ya, sea indicación hacia otro paraje. Viento en el aire; aire y paisaje que dejan al viento ir hacia su atmósfera -siguiéndose- en paradigma de alguna conciencia. Ésta es la savia de la hoja, que se cumple al caer como en el hombre cuanto no es al hablar para sí, sin comprender aquello que se dice a sí mismo. Caen, para una entrega si en todo dar hay un sacrificar, la lluvia y la nieve.

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