jueves, 20 de noviembre de 2014

BUQUES EN LA RADA (Lais) de Jaime García Maffla.

                            LAIS DE LOS MARINOS EN LOS BUQUES

LAI
Lais
De marinos
Que
Callan al cantarlos.
Lais
Que no fueron cantados...

LAI
El golpe seco
Del ancla en el agua,
Sitio al cual ha sido llevado:
Un alba o buque o destino o vida,
Ser humano en aguas de su hacer...

LAI
Ondas
Por notas,
Hondas ya sin pauta...
Lai del vuelo,
Lai del presentimiento.

LAY
Hay
Un Lai
Un lay ¡Ay!
Un Lai, un Lai, un Lay:
Ese, aquel Lai...

CANTOS DE MARINOS EN LA QUIETUD del fin del viaje. Es este: BUQUES EN LA RADA - título que da la sensación de una distancia, De un no estar pero estando allí - el poemario último de Jaime García Maffla-. Habla de esos buques cargueros, desolados, que esperan el uno detrás del otro y delante del puerto, en la Rada, hasta ser llamados a éste para dejar en su superficie de concreto y acero, los contenedores, sacos, embalajes que vienen o traen de otras latitudes.

Pero al final del viaje los buque se detiene allí, ya en aguas quietas, transparentes, sin vientos sino sólo u horizonte al cual se volverá luego de descargar, de un llegar para partir, y de un partir con nueva carga para otro llegar que les será siempre ajeno.

 Los buques se detienen, a así pueden estarlo por días y aún semanas. Los marinos nostálgicos, extraños o extranjeros carecen de otro oficio que no sea la espera, y así ante el vacío del cielo, entonan sus lais de nostalguia, quietud y anticipación, de verse abandonados, en fin, por aquello que son. El mismo García Maffla me refirió su visita repetida a esos buques y su conversación con marinos de Oriente, en los puertos de Buenaventura o Santa Marta, en Cartagena de Indias.

Pero estos lais son tambien, tras de cantos, meditaciones, no sobre el sentido sino sobre el destino y las direcciones de la vida, conciencia de la propia conciencia tras el cristal de la inmovilidad y ante el aleteo de las gaviotas que vienen, no de visita sino para un instantáneo descanso sobre el puente o los aparejos, la arboladura o la propia nostalgia. Los marinos entonan sus lais para sí, para los seres amados de los cuales el "mestiere di vívere" los apartó, y para las mismas alas blancas quietas, contra sus cuerpos cálidos, de los álbatros
                                                                            E. F.

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