viernes, 4 de septiembre de 2015

EL DESPUNTAR DEL SER

                                                        ¿CONCIENCIA?

Le fué precisa, por el radical cambio de las épocas en diversas formas de desaparición de lo humano, a K. Graf Dürckheim, abocar el tan eterno como efímeto tema del Sentido, también a la vez personal e impersonal, concreto y abstracto, aunque prima la historia:

"Cada tiempo lleva en sí el que le ha precedido.  Y cada tiempo ve cómo de él surge uno nuevo. El tiempo nuevo, que nos llega, debe abrirse paso a través del que está partiendo".

Juego de ajedrez de la intemporalidad con lo temporal, en el cual cada planteamiento es un actuar siempre distinto y siempre distante. Y continúa en claro equívoco: "Lo que ha llegado a ser se defiende como con la rigidez de la edad, así como con la buena conciencia de la rutina. Lo nuevo presiona con la torpe impetuosidad de la energía todavía inexperta. La dignidad de la tradición, la gloria de los antecesores, aureolan lo antiguo, pero el cansancio y el hastío marcan lo que ya está tornando en vacío", dice desdiciéndose en su posterior discurrir dentro de un marco de creencias, para concluír: "El resplandor de una promesa marca un nuevo alborear..."

El epígrafé del M. Eckart habla de un rompimiento por fuerza de su propia luz en toda alma, tras el cual brotaría -en condicional es nuestro- el amor, o un amor para hacer  acceder a otro orden a la propia alma. ¿Cuál?  

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