lunes, 12 de febrero de 2018

SÍ...

                                                                  SI...

Se vencen las altas olas de la marea lejos de toda costa, de todo puerto, de todo resguardo.

 Nuestras naves  se atienen a su débil calado, que les basta para, cuando  cubierta viene  una ola que las sobrepasa,  y son así lanzadas al fondo, volver  -con la quilla en alto- hacia la su peperficie.

Si sobre cubierta ha quedado algún marino, por ejemplo, asegurando las jarcias del velamen, será arrastrado a las aguas oscuras sin piedad...

Sí está vuelto a su fuerza, a su mirada toda realidad, él mismo sabrá de dónde aferrarse.

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